¡Debo aceptarlo de una vez por todas! La sociedad no respeta ni la opinión propia, ni la ajena, de ser así el señor Sardà, prefiero otorgarle el calificativo de señor, por más que envilezca tan noble vocablo, que utilizar el respetable oficio de periodista, a través del cuál, miles de personas, a pesar de él, intentan ganarse la vida a diario, no hubiera ofrecido el dudoso espectáculo de anunciar su retirada, a bombo y platillo, en semejante rueda de prensa. Reconozco, que el arriba firmante, hizo campana numerosas tardes de caluroso verano y pedaleaba junto al televisor, a rueda de los Delgado, Indurain y compañía, y el día que se bajaron por última vez de la bicicleta y anunciaron su retirada una parte de mi se bajó con ellos. Puedo admitir, sin pudor ninguno, que nunca nadie me hizo disfrutar más, que aquellas madrugadas de legañas y ojeras, cuando al filo de la medianoche remontaba el vuelo Air Jordan y volaba hacia el tablero contrario con una plasticidad y estética fuera de lo corriente, el día en que decidió colgar las botas, un gusto amargo a sal, en la comisura de mis labios, me dijo que había estado llorando. A pesar del doloroso esperpento en que se ha convertido hoy en día Maradona, el día que dejó de dibujar arte con sus botas sobre un campo de fútbol, el Pelusa arrancó un trocito de muchos de nuestros corazones para siempre. Y podría seguir así infinitamente, porque al mismo tiempo que mueren viejos héroes y se derrocan mitos, nacen nuevos capaces de hacernos recordar la gloria de estos. Ahora bien, no entraré en juicios personales, y se que Sardà y sus Crónicas Marcianas, disponen de tantos detractores, como de acérrimos defensores, pero bajo mi modesta opinión no ha sabido hacer, ni lo único en lo que yo podía haber estado de acuerdo con él, marcharse.
jacqueline Daví y Montse Ferrán — 04-05-2005 14:06:30
Xavier Cano — 05-05-2005 10:21:18
Irisha — 16-05-2005 21:42:38
Directorio