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Objetando fuera de tiesto

Archivado en General • Fecha: 04-05-2005 13:03:24

Tras la oleada de alcaldes en pie de guerra que ha seguido al anuncio por parte del gobierno de legalizar los matrimonios entre parejas del mismo sexo, me niego a utilizar la palabra homosexual, no porque el arriba firmante tenga algo en contra de tal vocablo, la lengua madre es rica en sinónimos, y mucho menos hacia el colectivo al cual representa, pero me he dado cuenta de que en este castellano nuestro, tan vilipendiado últimamente, existen una serie de palabras que a modo de mordedura de cobra taiwanesa, necesitan de un antídoto para parecer un simple lametón de San Bernardo, cuenten si no, los segundos que transcurren entre la mención del vocablo homosexual y su antídoto homofóbico, nada que decir de los calificativos que hacen mención al color de la piel, raza o religión, como negro o moro, xenófobo o racista, para los que piensan que el primero hace mención a un instrumento de viento parecido a la tuba, aparecerán acto seguido en cualquier conversación que ose utilizar los primeros, y es que a veces pienso, que la lengua castellana que hoy hablamos, se ha forjado a través de siglos, del pudor de llamar a las cosas por su nombre, por el que dirán, o por la apología al talante y la tolerancia abanderados del gobierno actual, problema, dicho sea de paso, que no tienen los hijos de la gran corona, los teutones y demás, ¿acaso estos últimos hubieran permitido que transcendiera cualquier palabra que no fuera Heidi? pero de todo esto, tal vez os hable otro día, ahora habíamos dejado plantados en el altar a dos hombres, o a dos mujeres, o una mujer y un transexual, o un hombre y un travestí, o a dos travestís, ... ¡Uff! En definitiva, a dos personas que se quieren y desean contraer matrimonio. Y yo me pregunto, los meapilas que desean ampararse bajo la objeción de consciencia, para dormir de un tirón y no despertarse en mitad de la noche empapados de un sudor frío, o delegar en algún consejero, a modo de ojos que no ven corazón que no siente, han sentido el menor remordimiento alguna vez cuando firmaron el desahucio de la familia Rodríguez dejando a siete personas en la calle, sin lugar a donde ir, o sintieron el más mínimo escozor cuando al señor López, después de regresar tras sus únicos siete días de vacaciones al año, se le llevaron el coche aparcado correctamente delante del portal de su casa, por limpieza viaria, ¿acaso siguen pensando que es casualidad que siempre limpien las calles en verano? Algún día investigaré si existe algún tipo de relación entre las agencias de viajes y reserva de vuelos y las brigadas de limpieza de los ayuntamientos, porque a un servidor, van dos años seguidos que el ayuntamiento, muy gentilmente, me aparca el coche en el depósito, para que no se me moje tras el paso de los camiones de la limpieza. Así que objeción sí, pero coño, apunten que están objetando fuera del tiesto.

Escrito por Pablo J. González Velasco
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Comentarios

  1. Quizás el problema no resida en el pudor de llamar a las cosas por su nombre sinó en lo que han conseguido hacer que nos recuerden al escucharlas, determinados energumenos que de forma despectiva las utilizaron. No por ello debemos olvidar, que gran parte de los que piensan en eufemismos, lo hacen desarrollando una especial empatia y respeto hacia las personas en si o el hecho que quieren nombrar, aunque el resto de la majoria hagan una falsa apologia al respeto y la tolerancia con un eufeminado uso de conceptos. Lo de objetar fuera de tiesto, es otro tema, tan rico en ejemplos actualmente que creo que es el segundo deporte nacional mas practicado despues del fútbol.

    Irisha — 06-05-2005 01:04:25


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