Reconozco que para las cosas del vestir, sigo siendo un carca, pero es que mi maltrecha retina ha sufrido demasiados atentados visuales. Si a esto le sumamos, que vivo en una zona de gran influencia turística, donde anglosajonas, sin escrúpulos, ni piedad por el prójimo, lucen palmito, aunque deberíamos decir secuoya, por aquello del tamaño, alemanas que acojonarían al mismísimo Mike Tyson y holandesas espigadas como los tulipanes que adornan sus campos y blancas como la mantequilla que exportan, el lector comprenderá, que todavía, alguna que otra noche, me despierte sobresaltado, con la imagen de un texto distorsionado, sobre un fondo de tela rosa, que parece indicar, y digo parecer, porque las letras se retuercen bajo dos grandes masas de carne, en la pechera de una angelical guiri, que la portadora de tal insigne vestimenta, desea ser magreada, Touch me, besada, Kiss me, o simplemente proclama su sensualidad bajo el lema de I’m sexy. Y es que, señores, durante años habíamos aprendido a familiarizarnos, con las sandalias y los calcetines blancos, las camisas de flores y las bermudas caqui, y hasta llegaron a parecernos simpáticos los fulanos, pero esto de ahora pasa de castaño oscuro.
Pero no se crean que todo acaba ahí, no, los españolitos, haciendo honor al culo veo, culo quiero, nos hemos subido al carro de la moda, cual Quijote a lomos de Rocinante, y paseamos nuestros encantos, creyendo ver pasarelas, donde sólo existen centros comerciales, díganme sino, como se explican el desfile de marujas en chándal y marcando tanga, empujando los carritos por el pasillo de lácteos, mientras el marido en el BMW, lee el Marca, esperando despojarse del mismo y saltar de titular al Sardinero, y es que igual que no vamos al gimnasio con traje y corbata, no deberíamos ofrecer semejante guisa fuera de él.
Se que no tiene remedio, los vídeos musicales, provenientes del otro lado del Atlántico, con las Spears, JLO y demás esculturales bellezas, talladas en ébano y marfil, bailando sensualmente con prendas deportivas, han hecho mella en nuestras Almudenas y Pilares, y ya que no puede remediarse, propongo que al comprador o compradora de tales trapitos, se le obligue a contratar un seguro, a terceros, a todo riesgo, sería demasiado arriesgado para las compañías aseguradoras, y gente como yo podamos disponer de los tratamientos adecuados para volver a dormir como antaño, a pierna suelta.
Xavier Cano — 05-05-2005 13:38:26
Jordi Escoda — 05-05-2005 16:16:41
Irisha — 06-05-2005 00:43:24
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