Sigo mirando atrás, a pesar del riesgo de anclarme en el, e intentaba rememorar aquellos días de patio de colegio y corro de la patata con derecho de admisión. Y es que ser hijo de un fontanero autónomo en un grupo de vástagos de banqueros, arquitectos y médicos, era poco menos que Kunta Kinte solicitara ser miembro del Ku-Klux Klan.
Así que colgué una nota en el tablón de anuncios de la escuela: "Si tus padres no hacen el amor la última semana de cada mes, hace ocho años que vas de vacaciones al pueblo de tu madre y cuando le pediste un Scalextric a los Reyes Magos te trajeron por error un par de zapatos, eres lo que estoy buscando".
A los pocos días el singular anuncio surgió efecto, respondieron el hijo de un camarero a sueldo, el de un enterrador que tocaba la batería por las noches en una orquesta, el de un vendedor con menos comisión que un alopécico vendiendo crecepelo y el del cocinero del colegio, cuando los cocineros compartían el anonimato con sus sartenes..
Así conocí a algunos de los que a día de hoy siguen siendo algunos de mis mejores amigos. Éramos una especie de mosqueteros, uno para todos y todos para uno, aunque no tardó en llegar el día en que d'Artagnan, atraído por el lujo y el poder, decidió abandonar y enrolar en la guardia real, ya saben, poderosos banqueros, influyentes arquitectos y prestigiosos médicos. De este modo, acabó convirtiéndose en el bufón de la corte y objetivo de todas las mofas de su nuevo grupo, aunque bajo su particular punto de vista, se sentía un triunfador.
Quizá se pregunten porque les cuento todo esto hoy, y es que me ha resultado inevitable obviar las similitudes entre mi particular corro de la patata y el que hicieron los señores Bush, Blair y Aznar en las Azores, y mientras los dos primeros siguen abonados al engaño y al poder, el señor Aznar da clases en un campus universitario, y yo me pregunto ¿no se equivocó de amigos José Mari?
tt — 12-05-2005 19:27:41
Pablo J. González Velasco — 12-05-2005 19:47:36
tt — 12-05-2005 22:20:08
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