Hace ya algún tiempo, topé, por aquello de la fatalidad que nos depara a veces el destino, con una horda de individuos de estética neonazi, o lo que es lo mismo, un grupo de grandísimos hijos de puta. El encuentro fue casual, de frente, al rodear una esquina, no superarían la docena, pero fueron suficientes para persuadirme de intentar cualquier acto heroico y ganarme la posteridad luciendo un bonito epitafio, así que me eché a un lado y evité cualquier contacto visual, pero se ve que no estaba aquella noche en el guión lo de salir indemne y seguidamente me vi efusivamente arropado por mis nuevos amigos. La cosa acabó como suelen acabar estas cosas: “¿Tienes hora? No, no llevo reloj. Dame un cigarro. Lo siento, no fumo. Pues dame el dinero. Mira, es que acabo de salir de trabajar y no llevo encima más que veinte duros”. No se si fue mi próspera situación económica lo que desencadenó la situación, o que después de deliberar largo y tendido, decidieron que mi última respuesta podía considerarse agravante. Porque no vayan a creer que vienen y te dan una paliza, así como así, si no los provocas. Aunque si me hubieran preguntado directamente si deseaba recibir una paliza, hubiéramos agilizado los trámites, pero es lo que tiene la burocracia.
Hace ya algún tiempo menos, topé, por aquello de la fortuna que nos depara a veces el destino, supongo que para equilibrar la caprichosa balanza del azar, con la misma horda de individuos, que seguían siendo un grupo de grandísimos hijos de puta, sólo que en esta ocasión el encuentro no fue casual, ni de frente, al rodear una esquina, así que me permitió seguirlos en el anonimato, y recordé, gracias a mi vasta biblioteca de novela negra, que la mejor virtud de un detective se llama paciencia, así que ésta se vio gratamente recompensada, cuando la piara decidió abandonar el lugar y montar en los carros, momento que aproveché para anotar, cuidadosamente, las matrículas, marcas y modelos de los mismos.
Este hecho, permitió la posterior identificación y detención de los principales cabecillas del grupo. Y es que al ver recientemente, que las rogativas de algunos de los padres de los niños, tristemente involucrados en un caso de pederastia infantil, para evitar que pudieran declarar en presencia del acusado, fueron refutadas por la justicia, recordé la odisea que viví yo entonces, enfrentándome a una rueda de reconocimiento, que me pregunté que sentido tenía, cuando fui yo mismo el que reconoció y facilitó los datos para la identificación de los agresores, burocracia, me contestaron, así que me citaron cinco minutos antes que los acusados, en una céntrica comisaría de la ciudad, para evitar, supongo yo, que pudiéramos coincidir víctima y agresores, hecho que naturalmente sucedió, seguido de una lluvia de improperios y amenazas por parte de los mismos. A pesar de tan lamentable espectáculo, dio comienzo la rueda de reconocimiento, y cual fue mi sorpresa, al observar el elenco de candidatos, que exceptuando los fulanos que se acordaron de mi madre y me otorgaron tan magno y caluroso recibimiento, de clara estética nazi, ya saben, esmirriados, delgaduchos, cabeza de coco, el resto lucía unas frondosas cabelleras y una expresión de talego que tiraba para atrás, así que recuerdo que hice un comentario jocoso de la situación, al agente que velaba por mi seguridad, que pareció no comprender, invitándome a responder exclusivamente con el número de orden de los presuntos agresores, y cual fue mi sorpresa, cuando los individuos abandonaron la sala y volvieron a aparecer en distinto orden, habiéndose intercambiado previamente entre ellos, las chaquetas y cazadoras, juro que pensé que se trataba de la típica broma de cámara oculta, y es que la visión de un individuo de casi dos metros de alto y uno de ancho, tatuado hasta las cejas, embutido en una minúscula cazadora, luciendo esvástica y bandera con aguilucho, era poco menos que dantesca. No era una broma, era nuestra justicia.
JordiE — 25-05-2005 13:38:28
bop — 26-05-2005 00:58:59
Pablo J. González Velasco — 26-05-2005 10:04:05
bop — 26-05-2005 12:37:10
Pablo J. González Velasco — 26-05-2005 12:47:39
Xavier Cano — 27-05-2005 09:30:03
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