Los pasajes noctámbulos y ebrios de Tom Waits, la brisa dulce y fresca de los Jayhawks, la candidez delicada de Jeff Buckley, el beligerante aullido de Steve Earle, la chulería descarada de Supersuckers, el inconformismo festivo de Social Distortion, la poesía social de Bob Dylan, la delicada sensualidad de Tori Amos, la magia mística de Black Crowes, las raíces profundas de Johnny Cash, la poderosa fuerza de Mother Superior, el lirismo ecléctico de Jane’s Adiction, la fe ciega de Bruce Springsteen, la delicadeza salvaje de Lucinda Williams, la rabia incontrolada de Nirvana, y podría seguir indefinidamente abriendo ostras de perlas negras en el vasto océano musical americano, la cosa no cambia cuando nos arropamos con historias de celuloide y nos sumergimos en los particulares mundos de Tim Burton, las excéntricas historias de David Lynch, el particular universo de Woody Allen, la originalidad con pasado de Quentin Tarantino, la locura sin límites de Stanley Kubrick, el ácido humor de los hermanos Coen, la oscura mirada de Francis Ford Coppola, son todos ellos placenteros oasis en áridos desiertos de producciones mastodónticas, que nos transportan a un carrusel de emociones y nos hacen subir a norias de sensaciones eternas, viajando a lugares que conviven sólo en sus maravillosas mentes, o comparten páginas con las letras de Truman Capote, Paul Auster o Williams Burroughs, son algunas de las geniales estrellas que brillan dando sentido a las barras de su omnipresente bandera, porque no todo van a ser políticos ineptos, hamburguesas, béisbol y 4 de Julio.
pau — 01-06-2005 18:25:21
po — 02-06-2005 10:29:06
Winchester — 02-06-2005 11:42:45
tt — 04-06-2005 10:52:17
Jose Angel F. — 05-06-2005 20:35:54
xLg — 06-06-2005 13:23:19
Stranger than paradise — 21-06-2005 08:58:06
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