Recordarán que hace ya algún tiempo, una campaña de higiene femenina, inundó nuestros televisores con un colorido anuncio donde una especie de Judy Garland de las compresas, en su camino a Oz, nos planteaba una cuestión acerca del olor de las nubes mientras un incesante y molesto zumbido martilleaba nuestros tímpanos.
Pues bien, el otro día, el arriba firmante, mientras recavaba información sobre los nombres de los colores, recordarán algunos lectores la reseña de las pulseras conmemorativas en apoyo a la candidatura olímpica de mi ciudad, pude comprobar la dificultad que entraña la definición de términos comúnmente conocidos, por ejemplo, todo el mundo sabría diferenciar el color amarillo del verde, pero si recurrimos a la definición que hace de los mismos el diccionario de la Real Academia, tal vez nos saltemos algún semáforo.
Amarillo: 1. adj. De color semejante al del oro, la flor de la retama, etc. Es el tercer color del espectro solar.
Verde: 1. adj. De color semejante al de la hierba fresca, la esmeralda, el cardenillo, etc. Es el cuarto color del espectro solar.
Díganme, ¿alguien ha visto alguna vez una flor de retama? ¿Y un cardenillo? Somos capaces de leer el mapa del genoma humano, pero otras veces somos incapaces de lo más obvio.
Irisha — 21-06-2005 22:23:35
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